Haras II
El reto de esta casa era resolver dos necesidades en un mismo frente. La cochera requería una apertura amplia a nivel de calle, mientras que el interior necesitaba luz natural y una conexión con el paisaje. La solución fue dividir la fachada en dos volúmenes con funciones distintas.
Sobre la cochera, un volumen horizontal revestido de piedra natural enmarca el acceso. A su lado, un cuerpo blanco con dos ventanales superpuestos lleva luz al área de la escalera. La piedra le da peso visual a la entrada y el vidrio deja ver cómo se conectan los dos niveles.
En el interior, el reto era conservar la amplitud de la estancia de doble altura. Para lograrlo, la escalera se resolvió con una estructura metálica y peldaños abiertos de madera. Así, la vista puede pasar entre los escalones y llegar al ventanal. Desde la estancia se ven los árboles de cerca. Al llegar a la planta alta, la mirada alcanza el perfil de la ciudad.
La cocina recupera la calidez de los peldaños en la madera de las alacenas y el frente de la isla. Ahí, la cubierta negra y los gabinetes oscuros contrastan con los muros blancos de la estancia y le dan al espacio un carácter propio.
Desde la calle, los ventanales dejan entrever la escalera. Desde adentro, esa misma escalera permite descubrir por qué se abrió la fachada en ese punto. Con cada tramo, la vista pasa de las copas de los árboles al horizonte.











